viernes, 3 de julio de 2009

Yo-Yo Ma quedó deslumbrado por las ovaciones de los caraqueños


Ana María Hernández G.
EL UNIVERSAL

Anoche se despidió el violonchelista del Teatro Teresa Carreño

Anoche se despidió el violonchelista norteamericano de padres chinos y nacido en Francia, Yo-Yo Ma, luego de una ovación prolongada, en un concierto junto a la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, bajo la dirección de Gustavo Dudamel.

El aforo estaba casi lleno en su totalidad, salvo unas que otras butacas, que los desesperados compradores de entradas bien hubieran podido aprovechar el domingo de la semana pasada cuando en pocas horas se habían agotado los boletos.

Apenas un cuarto de hora más tarde de lo previsto, se inició el concierto que abrió con una imponente Francesca Da Rimini poderosa y plena en sus sonoridades, tal como lo entrega y lo exige en su partitura Piotr Ilich Tchaikovsky, además de la energía exultante que esta agrupación y su director le imprimen.

Luego de que esta obra introdujo al público en un espíritu pleno del romanticismo, se abrió paso una de las obras más emblemáticas de la modernidad: la Obertura 1812, del mismo autor ruso. Escucharla y recordar el significado de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre pudo ser una sola cosa. No más Dudamel cerró el gesto de culminación, una salva de aplausos se hizo presente en pleno.

Vale decir que durante todo el concierto siguieron sonando los timbres de celulares, a pesar de que el sentido común y las advertencias por parlantes recomiendan apagarlos. Quién sabe si el afán por capturar la imagen del ahora popular ídolo, Gustavo Dudamel, imponía la necesidad de mantener encendido el aparato. Paradójicamente no dieron acceso a los fotógrafos de prensa, mientras no hubo quien no registrara los hechos de manera personal.

Finalizada la primera parte de la cita musical, hizo su aparición un sonriente Yo-Yo Ma, contentísimo de tocar con los mismos jóvenes que lo deslumbraron el pasado jueves en su visita al Centro Académico de Montalbán. La gente lo aclamó largamente antes de escucharlo.

Con Ma comenzó a sonar el Concierto para violonchelo y orquesta de Antonin Dvorak, obra sutilísima, de tanto lirismo y diálogo entre el solista y la orquesta, que Yo-Yo Ma -siempre sonriente- mantenía la mirada en Dudamel y su oído izquierdo en seguir la conversación musical con la flauta principal.

El rostro del violonchelista cambiaba de color y tersura según iban y venían las melodías y las armonías; y al culminar la interpretación, nuevamente el público ovacionó tanto y de tal manera, que el simpático invitado no solamente dedicó uno sino dos hermosos bises, entre los cuales brindó un Menuet de Johann Sebastian Bach, original para clavecín en versión para cello solo.

Hoy partirá Yo-Yo Ma, y el próximo mes Dudamel continuará en Caracas ofreciendo un ciclo de conciertos que pretende satisfacer todos los gustos.

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